El vaso con agua de
Prieto.
Una constante habitual en las ferias de arte contemporáneo de
los últimos años son los precios elevadísimos de algunas obras aparentemente, o
no, sencillas y hasta absurdas. El último caso, sin duda, es la pieza “Vaso
medio lleno” del artista cubano Wilfredo Prieto (Cuba, 1978), exhibida en la
feria de arte ARCO de Madrid, arte objeto que retoma la frase hecha de ver el
vaso medio lleno o medio vacío según el optimismo o pesimismo del espectador.
El precio de la obra ronda los 20,000 Euros, probablemente con descuento para
clientes frecuentes de la galería que patrocina al artista isleño, en este caso
la española Nogueras-Blanchard.
Como no podría ser de otro modo, las opiniones que ha
viralizado la pieza por Internet (Tal vez viralizado es mucho decir) se han
ensañado contra la obra de Prieto considerándola el ejemplo perfecto del fraude
que podría, mucha gente piensa, ser el arte conceptual.
No obstante juzgar la joven tradición del arte conceptual
con esta obra sería injusto, tanto como considerar que lo peor de esta pieza es
el precio. Darian Leader en su libro: “El robo de la Mona Lisa”, nos advierte,
con razón, que estos precios exorbitantes e incluso ridículos son,
precisamente, lo que le permiten a la obra seguir teniendo el status de arte,
validando de algún modo la vieja premisa de Danto de que el arte existe si el
artista lo concibe donde quiera que sea, es decir, un artista tendría la
capacidad de crear arte con el solo hecho de enunciar determinado objeto como
tal. Por supuesto, tomar textualmente esta idea de Danto sería condenar a la
obra de arte a una extinción segura y, de hecho, es una contradicción en sí
misma, dado que antes de aceptarla tendríamos que fijar los criterios para que alguien
sea considerado artista y posea el toque de rey Midas del que Danto habla.
¿Posee Wilfredo este
toque de Rey Midas?
El error, probablemente, es “descalificar” este tipo de
piezas, la caja de Orozco, el vaso de
Prieto, las innumerables colecciones de deshechos, (las más pretenciosas
ordenadas según colores) y una gran cantidad de obras similares en base a su
sencillez y no a su falta de originalidad y razonamiento, es decir, no es la
pieza la que falla, sino el pensamiento artístico del autor.
Wilfredo Prieto, por ejemplo, ha respondido las críticas del
siguiente modo:
Y todo me parece normal: que la
gente «agreda» el arte o que se «agreda» lo nuevo. Cuando yo me bañé en el Mar
Muerto, comencé a agredir ese material, porque el agua no funcionaba para mí
como debía hacerlo. Y con ello no quiero decir que yo haya hecho algo nuevo,
sino que lo de ver mi vaso era una experiencia novedosa para esa persona. Yo
mismo a veces me considero un mal prescriptor del arte. Yo hice una obra. No sé
si buena o mala. Mi responsabilidad acababa cuando terminaba de trabajar sobre
ella. Su vida independiente no me pertenece. De hecho, ha pasado casi diez años
desapercibida...
Y remata:
Lo que me preocupa es que en
España aún se esté en el discurso de si esto es o no arte, porque eso puede
perjudicar, y mucho, a sus jóvenes. En La Habana, Londres o Nueva York eso está
superado. Cuestionar una propuesta artística es básico, pero cuestionar si algo
es o no arte...(“) Estoy dispuesto a vendérsela a ese precio (un euro) a quien
me reconozca que su idea es conceptualmente fallida. A mí lo que me interesa es
que la gente piense delante de la obra. Y aclarar que no es un chiste. Para
nada. Creo que es de las piezas más serias que tengo.
Tenemos aquí cuestiones interesantes, la primera, que Prieto
reclama que la disputa “eso es arte o no” se ha saldado favorablemente en
ciudades como New York y la Habana, es decir, su vaso obviamente es arte,
reclama dicho estatus que le permite tener ese precio y ese foro de exhibición,
no obstante, su base respecto a “arte realista”, a saber, que buscar
pensamientos filosóficos de la realidad, es reducir el pensamiento filosófico a
un sinónimo visual, un vaso medio lleno, así, presentado en su base, reclama
todo el peso de la frase sobre el optimismo o la falta de él, esto quiere decir
que no hay pensamiento filosófico detrás de la obra, y si lo hay no es uno desarrollado
por el autor, la pieza no es un pensamiento filosófico sino un sinónimo visual
que recarga todas sus posibilidades de ser percibida de modo reflexivo en una
frase que Prieto no se invento, el vaso en si mismo no provoca una reflexión
simbólica dado que la metáfora y el pensamiento simbólico que conduce al arte
es inexistente y en este caso, la única obra posible estaría en el momento de
la concepción de la obra que no es mejor que cualquier refrán citado por
cualquier persona.
Y si la obra genera polémica, esta no es suficiente para
justificarla como obra de arte, dado que el discurso de Prieto no va sobre la
polémica de si es arte o no, si así lo fuera el vaso sería un éxito como pieza
sin duda, pero, en cambió, va sobre una supuesta reflexión sobre el optimismo.
En segundo lugar ¿Cómo para el arte conceptual la disputa de
si “esto es arte o no” podría perjudicar a los jóvenes? ¿No es precisamente ese
el reto del arte conceptual? Tomar lo mínimo y utilizar la estructuración de conceptos
para tejer obras de arte complejas en su pensamiento filosófico. Convengamos
que el uso de la tradición oral puede ser útil, pero de aceptar la obra de
Prieto, podemos meter una aguja en un pajar, textualmente, y decir ¡He aquí mi
reflexión filosófica sobre la probabilidad! Un mitómano con un lobo ¡He aquí mi
reflexión filosófica sobre la confianza! Una carrera entre un comentarista de
noticias y un lisiado ¡He aquí mi reflexión filosófica sobre la pretensión!
Hablamos de plagio de ideas, no de carencia de concepto, de hecho, el concepto
funciona pero no la pieza de Prieto. La misma es un chiste, o bien la debacle
intelectual del mismo autor (Que si tiene buenas obras esta no es una de ellas)
Y todavía más, ya exasperado por el cuestionamiento el
cubano señala:
Está más en la onda del
pensamiento alemán, aburrido. Y luego pesa esa tradición de entender el arte
asociado al pedestal, al mármol... ¿Estoy haciendo un chiste por poner algo
encima de una mesa? Para mí, un chiste es que mates la realidad dentro de un
cristal o encerrado en un mármol. Eso sí que son obras de feria...
Y sí, tal vez las obras encerradas en un mármol o dentro de
un cristal matan la realidad, pero aceptar esto también implicaría que el arte
está fuera de la realidad, el arte con mármol y pedestal y todo, está dentro de
la realidad pero, en efecto, no es la realidad, sino que estructura las
coordenadas de la realidad a través del lenguaje metafórico. Prieto no hace un
chiste, sino que exhibe una ligereza de pensamiento que nos obliga a cuestionar
las posibilidades del autor de desarrollar pensamiento artístico, es decir es
necesario cuestionar si Wilfredo Prieto es un artísta o si solo evoca tradiciones filosóficas y
artística para respaldar sus ocurrencias no artísticas.
Tristemente para Prieto, lo único que llega a ser asombroso,
no podría ser de otra forma, es el precio, y es eso lo único que vuelve a la
pieza polémica, la propuesta es aburrida, la ejecución es banal y la reflexión
filosófica inexistente, he ahí el fallo de Prieto, no que sea arte o no, sino
que de serlo, es arte fallido y como mercancía viene a ejemplificar que, como
diría Robert Hughes.
No hace crítica social sobre el
sistema capitalista, no señala el problema, es parte del problema.
Francisco Soriano Fernández.
Puebla. Marzo 2015.
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