domingo, 8 de marzo de 2015

El vaso con agua de Prieto.

El vaso con agua de Prieto.

Una constante habitual en las ferias de arte contemporáneo de los últimos años son los precios elevadísimos de algunas obras aparentemente, o no, sencillas y hasta absurdas. El último caso, sin duda, es la pieza “Vaso medio lleno” del artista cubano Wilfredo Prieto (Cuba, 1978), exhibida en la feria de arte ARCO de Madrid, arte objeto que retoma la frase hecha de ver el vaso medio lleno o medio vacío según el optimismo o pesimismo del espectador. El precio de la obra ronda los 20,000 Euros, probablemente con descuento para clientes frecuentes de la galería que patrocina al artista isleño, en este caso la española Nogueras-Blanchard.

Como no podría ser de otro modo, las opiniones que ha viralizado la pieza por Internet (Tal vez viralizado es mucho decir) se han ensañado contra la obra de Prieto considerándola el ejemplo perfecto del fraude que podría, mucha gente piensa, ser el arte conceptual.

No obstante juzgar la joven tradición del arte conceptual con esta obra sería injusto, tanto como considerar que lo peor de esta pieza es el precio. Darian Leader en su libro: “El robo de la Mona Lisa”, nos advierte, con razón, que estos precios exorbitantes e incluso ridículos son, precisamente, lo que le permiten a la obra seguir teniendo el status de arte, validando de algún modo la vieja premisa de Danto de que el arte existe si el artista lo concibe donde quiera que sea, es decir, un artista tendría la capacidad de crear arte con el solo hecho de enunciar determinado objeto como tal. Por supuesto, tomar textualmente esta idea de Danto sería condenar a la obra de arte a una extinción segura y, de hecho, es una contradicción en sí misma, dado que antes de aceptarla tendríamos que fijar los criterios para que alguien sea considerado artista y posea el toque de rey Midas del que Danto habla.

¿Posee Wilfredo  este toque de Rey Midas?

El error, probablemente, es “descalificar” este tipo de piezas,  la caja de Orozco, el vaso de Prieto, las innumerables colecciones de deshechos, (las más pretenciosas ordenadas según colores) y una gran cantidad de obras similares en base a su sencillez y no a su falta de originalidad y razonamiento, es decir, no es la pieza la que falla, sino el pensamiento artístico del autor.

Wilfredo Prieto, por ejemplo, ha respondido las críticas del siguiente modo:

Y todo me parece normal: que la gente «agreda» el arte o que se «agreda» lo nuevo. Cuando yo me bañé en el Mar Muerto, comencé a agredir ese material, porque el agua no funcionaba para mí como debía hacerlo. Y con ello no quiero decir que yo haya hecho algo nuevo, sino que lo de ver mi vaso era una experiencia novedosa para esa persona. Yo mismo a veces me considero un mal prescriptor del arte. Yo hice una obra. No sé si buena o mala. Mi responsabilidad acababa cuando terminaba de trabajar sobre ella. Su vida independiente no me pertenece. De hecho, ha pasado casi diez años desapercibida...

Y remata:

Lo que me preocupa es que en España aún se esté en el discurso de si esto es o no arte, porque eso puede perjudicar, y mucho, a sus jóvenes. En La Habana, Londres o Nueva York eso está superado. Cuestionar una propuesta artística es básico, pero cuestionar si algo es o no arte...(“) Estoy dispuesto a vendérsela a ese precio (un euro) a quien me reconozca que su idea es conceptualmente fallida. A mí lo que me interesa es que la gente piense delante de la obra. Y aclarar que no es un chiste. Para nada. Creo que es de las piezas más serias que tengo.

Tenemos aquí cuestiones interesantes, la primera, que Prieto reclama que la disputa “eso es arte o no” se ha saldado favorablemente en ciudades como New York y la Habana, es decir, su vaso obviamente es arte, reclama dicho estatus que le permite tener ese precio y ese foro de exhibición, no obstante, su base respecto a “arte realista”, a saber, que buscar pensamientos filosóficos de la realidad, es reducir el pensamiento filosófico a un sinónimo visual, un vaso medio lleno, así, presentado en su base, reclama todo el peso de la frase sobre el optimismo o la falta de él, esto quiere decir que no hay pensamiento filosófico detrás de la obra, y si lo hay no es uno desarrollado por el autor, la pieza no es un pensamiento filosófico sino un sinónimo visual que recarga todas sus posibilidades de ser percibida de modo reflexivo en una frase que Prieto no se invento, el vaso en si mismo no provoca una reflexión simbólica dado que la metáfora y el pensamiento simbólico que conduce al arte es inexistente y en este caso, la única obra posible estaría en el momento de la concepción de la obra que no es mejor que cualquier refrán citado por cualquier persona.

Y si la obra genera polémica, esta no es suficiente para justificarla como obra de arte, dado que el discurso de Prieto no va sobre la polémica de si es arte o no, si así lo fuera el vaso sería un éxito como pieza sin duda, pero, en cambió, va sobre una supuesta reflexión sobre el optimismo.

En segundo lugar ¿Cómo para el arte conceptual la disputa de si “esto es arte o no” podría perjudicar a los jóvenes? ¿No es precisamente ese el reto del arte conceptual? Tomar lo mínimo y utilizar la estructuración de conceptos para tejer obras de arte complejas en su pensamiento filosófico. Convengamos que el uso de la tradición oral puede ser útil, pero de aceptar la obra de Prieto, podemos meter una aguja en un pajar, textualmente, y decir ¡He aquí mi reflexión filosófica sobre la probabilidad! Un mitómano con un lobo ¡He aquí mi reflexión filosófica sobre la confianza! Una carrera entre un comentarista de noticias y un lisiado ¡He aquí mi reflexión filosófica sobre la pretensión! Hablamos de plagio de ideas, no de carencia de concepto, de hecho, el concepto funciona pero no la pieza de Prieto. La misma es un chiste, o bien la debacle intelectual del mismo autor (Que si tiene buenas obras esta no es una de ellas)

Y todavía más, ya exasperado por el cuestionamiento el cubano señala:

Está más en la onda del pensamiento alemán, aburrido. Y luego pesa esa tradición de entender el arte asociado al pedestal, al mármol... ¿Estoy haciendo un chiste por poner algo encima de una mesa? Para mí, un chiste es que mates la realidad dentro de un cristal o encerrado en un mármol. Eso sí que son obras de feria...

Y sí, tal vez las obras encerradas en un mármol o dentro de un cristal matan la realidad, pero aceptar esto también implicaría que el arte está fuera de la realidad, el arte con mármol y pedestal y todo, está dentro de la realidad pero, en efecto, no es la realidad, sino que estructura las coordenadas de la realidad a través del lenguaje metafórico. Prieto no hace un chiste, sino que exhibe una ligereza de pensamiento que nos obliga a cuestionar las posibilidades del autor de desarrollar pensamiento artístico, es decir es necesario cuestionar si Wilfredo Prieto es un artísta o  si solo evoca tradiciones filosóficas y artística para respaldar sus ocurrencias no artísticas.

Tristemente para Prieto, lo único que llega a ser asombroso, no podría ser de otra forma, es el precio, y es eso lo único que vuelve a la pieza polémica, la propuesta es aburrida, la ejecución es banal y la reflexión filosófica inexistente, he ahí el fallo de Prieto, no que sea arte o no, sino que de serlo, es arte fallido y como mercancía viene a ejemplificar que, como diría Robert Hughes.

No hace crítica social sobre el sistema capitalista, no señala el problema, es parte del problema.


Francisco Soriano Fernández.

Puebla. Marzo 2015.

No hay comentarios:

Publicar un comentario