viernes, 13 de marzo de 2015

Péndulos, el arte humanista de Manuela García.

Péndulos, el arte humanista de Manuela García.


La mayoría de las voces disidentes a los nuevos movimientos y estilos en el arte, (Y otros no tan nuevos pero de moda) suelen cuestionar los valores artísticos posibles en disciplinas como la instalación o el arte objeto, prejuzgando la imposibilidad de equilibrio entre discursos de complejidad variable y piezas cuya manufactura se antoja risible y, en muchos casos, es una mera excusa visual para soportar un ensayo conceptual que no alcanza la complejidad de un discurso filosófico y termina como hoja curatorial en las galerías de moda, llenas hasta el tope el día de la inauguración y vacías hasta que el evento de clausura vuelve a llenarlas.

Por otro lado el mercado del arte, analizado hasta el hartazgo por voces autorizadas en el mundo de la crítica europea y americana, es un obstáculo difícil de superar a la hora de justificar el auge de uno u otro artista cuya obra termina en clichés o refritos de sí mismo orientados a una supuesta introspección de su propia carrera sin que esto merme sus precios, a veces, multimillonarios.

Estas dos cuestiones, para bien o para mal, han creado un bloque que, cada día, gana adeptos que acusan a los artistas conceptuales de farsantes y señalan las enormes cifras de dinero que sepultan, según su perspectiva, cualquier posibilidad de un discurso artístico “real”, reclamando una vuelta a las tradiciones plásticas donde son pocas, alarmantemente pocas, las propuestas que nos hablen de nuestra realidad, es decir, que contengan las coordenadas sociales/artísticas de nuestra época.

Así pues, tenemos a un arte conceptual que campea a sus anchas entre el mercado y la moda mirando de reojo a los señaladores que los acusan y un arte tradicional replegado en los pocos espacios que, fácilmente, llegan a ser galerías ornamentales saturadas de artesanos que claman que solo la pintura, la escultura y el trabajo duro, son capaces de llevarnos a un destino artístico.

En este pleito de egos la mayoría de los autores están seguros de que son capaces de realizar “arte” asumiendo que su trabajo posee las cualidades para ser considerado como tal y proponiendo una responsabilidad para con el discurso y producción de la obra, negando todo débito sobre la misma ya terminada como no sea cobrar las ganancias que puedan provenir de su venta.

En el proceso de llevar la obra de la idea a la ganancia, el público suele quedar en un segundo plano a excepción de aquellas piezas que se respaldan en la interacción para hacer partícipe al espectador de la experiencia artística, a veces proponiendo, a veces obligando, la intervención del visitante para hacer “funcionar”  la obra, pero la mayoría de las veces sin que logre hablarle al concurrente de su propia realidad sino, más bien, de cómo el “artista” lo ha "bendecido" con un poco del aura de su trabajo.

Este olvido del público como individuos es un sello de ambos sectores de las artes visuales en la actualidad, un arte egomaniaco o que busca la reflexión sobre la sociedad reduciendo a la gente a definiciones y estadísticas o bien, proponiendo al autor, sus demonios y preocupaciones, como tema, dando como resultado un continuo “exorcismo” a través de la producción encadenándola a un romanticismo soso, si bien harto expresivo, de un personaje que se considera tema suficiente para que una biografía pictórica/plástica llegue a ser arte por valor propio y, por tanto, merezca la admiración de los espectadores.

No obstante, son pocos los artistas que se reconocen como habitantes de algo más grande, como parte de una sociedad y no como “agentes del arte”. Autores que miran su obra como un modo de crear reflexiones personales en la gente y ¿Por qué no? De hacer mejores personas antes y después de la experiencia artística contenida en sus obras.

En esta tradición, perdida en el ansia de la exploración estadística y el auto endiosamiento, hallamos algunas piezas que reclaman el estatus del gran arte por derecho propio. Una línea de pensamiento artístico que no discrimina en las disciplinas creativas dado que se centra en los individuos como principal recurso artístico, dependiendo de ellos no solo para hacer “funcionar” la obra, sino que la génesis de la pieza está en las mismas personas entendidas como individuos, con sus miedos y preocupaciones, pero que a su vez constituyen, cada uno, una sociedad que requiere del otro para subsistir. Bajo este pensamiento el objeto artístico queda al servicio de la gente común, arte pensado, en primer lugar, para servir a la gente, no para abrumarla con el discurso o exigir su admiración, sino, simplemente, y en su sencillez radica lo maravilloso de estas obras, para que la gente tenga una experiencia artística fuera de su normalidad dentro de la normalidad, arte que se completa al  recibir la temerosa participación de un público al cual los foros culturales le han quedado muy lejos en la vorágine posmodernistas.

Imagen tomada de Internet.

Hablamos de arte centrado en el ser humano, humanismo visual, lo cual de ningún modo cancela el discurso filosófico pero lo pone en interacción con la realidad, no desprecia la crítica pero toda teoría y todo mercado queda en segunda instancia a favor de la experiencia de un público que merece, por el mero hecho de existir, un respeto ausente desde siempre en los foros culturales.

En esta línea de trabajo es refrescante el hallazgo de una obra como “Péndulos”  de la colombiana Manuela García, una estructura cuyo montaje se antoja desde ya, metáfora del equilibrio que la pieza busca. Una descripción general es tan aparentemente sencilla como la obra, dos columpios unidos por las mismas cuerdas soportadas por poleas que mantienen los asientos en equilibrio a una distancia prudente uno de otro. ¡He aquí la genialidad! la pieza requiere, para su funcionamiento, una interacción que se respalda en el impulso lúdico que nos lleva a columpiarnos a la menor provocación, un gesto que hasta el más serio de los ejecutivos de WallStreet se ha permitido al refugio de miradas que nos juzguen de infantiles. El columpio nos lleva de vuelta a nuestra niñez y, casi de inmediato, a los recuerdos felices del gesto, absurdo si se quiere, de movernos en el aire en una primera visita a la verdadera gravedad cero de nuestra infancia. Ya el columpio es evocativo e invita a olvidarnos del discurso de la pieza, es más, nos invita a olvidarnos de que es una pieza de arte, pero no como el célebre tobogán de 24 metros de Carten Hoeller, porque este columpio tiene una particularidad, requieres a otro, a él otro, para poder acceder al juego, un individuo de peso similar que equilibre el asiento antes de comenzar el recorrido, entonces el espectador, ahora partícipe, se integra, no con el arte, sino con el compañero de juego que se ha conectado al primero a través de las cuerdas equilibradas mediante las poleas ¿Hablamos de un sube y baja elaborado entonces? ¡No! el vaivén propio del columpio nos acerca y aleja como metáfora de la comunicación humana. Tenemos en juego varios conceptos para este momento, por supuesto no nos importan a menos que nos dediquemos al arte, equilibrio, hermandad, comunicación. No son pocos los participantes que entablan discurso una vez en la pieza/juego. La obra de García Invita a la comunicación, al descubrimiento del otro y nos recuerda la necesidad del otro para preservar nuestro propio equilibrio, nos pone en riesgo de que el otro se levante abruptamente y nos deje caer, igual que pasa entre individuos y naciones, necesitamos del otro como el arte necesita del público y viceversa. 

Nos habla de necesidad, pero también de los fuerte vínculos humanos que permiten la alegría, en última instancia esta obra nos habla de amor y en ese aspecto, conecta con las obras más madura de Van Gogh, y si, está lejos de toda pintura y cerca de ese arte demonizado por los conservadores, pero funciona a un nivel no sólo conceptual, ni siquiera físico, sino emocional, es conmovedor escuchar las pláticas desarrolladas sobre la estructura que opaca, sin duda alguna, las demás propuestas de discurso político o social de la exposición “El fuego y el carnero” exhibida hasta el 8 de Enero en el ExTeresa.

De muchos modos “Péndulos” es una pieza más ambiciosa y complicada de lo que parece, asimila el sentido poético del arte y crea versos a cada vaivén de los columpios, pero también es una obra que ha sido ideada con amor y se nota, y en ese gran gesto de cariño que el autor siente por la pieza hay un gran gesto de respeto para con el público, no un reclamo de ser reconocido como arte sino una pequeña súplica de recordarnos que el arte puede, y debe, servir para hacernos reflexionar, entre otras cosas, sobre nuestra propia condición de humanidad, de hermandad y, más importante aún, de sociedad.

Mtro. Francisco Soriano
Veracruz, México. Marzo 2015.


domingo, 8 de marzo de 2015

El vaso con agua de Prieto.

El vaso con agua de Prieto.

Una constante habitual en las ferias de arte contemporáneo de los últimos años son los precios elevadísimos de algunas obras aparentemente, o no, sencillas y hasta absurdas. El último caso, sin duda, es la pieza “Vaso medio lleno” del artista cubano Wilfredo Prieto (Cuba, 1978), exhibida en la feria de arte ARCO de Madrid, arte objeto que retoma la frase hecha de ver el vaso medio lleno o medio vacío según el optimismo o pesimismo del espectador. El precio de la obra ronda los 20,000 Euros, probablemente con descuento para clientes frecuentes de la galería que patrocina al artista isleño, en este caso la española Nogueras-Blanchard.

Como no podría ser de otro modo, las opiniones que ha viralizado la pieza por Internet (Tal vez viralizado es mucho decir) se han ensañado contra la obra de Prieto considerándola el ejemplo perfecto del fraude que podría, mucha gente piensa, ser el arte conceptual.

No obstante juzgar la joven tradición del arte conceptual con esta obra sería injusto, tanto como considerar que lo peor de esta pieza es el precio. Darian Leader en su libro: “El robo de la Mona Lisa”, nos advierte, con razón, que estos precios exorbitantes e incluso ridículos son, precisamente, lo que le permiten a la obra seguir teniendo el status de arte, validando de algún modo la vieja premisa de Danto de que el arte existe si el artista lo concibe donde quiera que sea, es decir, un artista tendría la capacidad de crear arte con el solo hecho de enunciar determinado objeto como tal. Por supuesto, tomar textualmente esta idea de Danto sería condenar a la obra de arte a una extinción segura y, de hecho, es una contradicción en sí misma, dado que antes de aceptarla tendríamos que fijar los criterios para que alguien sea considerado artista y posea el toque de rey Midas del que Danto habla.

¿Posee Wilfredo  este toque de Rey Midas?

El error, probablemente, es “descalificar” este tipo de piezas,  la caja de Orozco, el vaso de Prieto, las innumerables colecciones de deshechos, (las más pretenciosas ordenadas según colores) y una gran cantidad de obras similares en base a su sencillez y no a su falta de originalidad y razonamiento, es decir, no es la pieza la que falla, sino el pensamiento artístico del autor.

Wilfredo Prieto, por ejemplo, ha respondido las críticas del siguiente modo:

Y todo me parece normal: que la gente «agreda» el arte o que se «agreda» lo nuevo. Cuando yo me bañé en el Mar Muerto, comencé a agredir ese material, porque el agua no funcionaba para mí como debía hacerlo. Y con ello no quiero decir que yo haya hecho algo nuevo, sino que lo de ver mi vaso era una experiencia novedosa para esa persona. Yo mismo a veces me considero un mal prescriptor del arte. Yo hice una obra. No sé si buena o mala. Mi responsabilidad acababa cuando terminaba de trabajar sobre ella. Su vida independiente no me pertenece. De hecho, ha pasado casi diez años desapercibida...

Y remata:

Lo que me preocupa es que en España aún se esté en el discurso de si esto es o no arte, porque eso puede perjudicar, y mucho, a sus jóvenes. En La Habana, Londres o Nueva York eso está superado. Cuestionar una propuesta artística es básico, pero cuestionar si algo es o no arte...(“) Estoy dispuesto a vendérsela a ese precio (un euro) a quien me reconozca que su idea es conceptualmente fallida. A mí lo que me interesa es que la gente piense delante de la obra. Y aclarar que no es un chiste. Para nada. Creo que es de las piezas más serias que tengo.

Tenemos aquí cuestiones interesantes, la primera, que Prieto reclama que la disputa “eso es arte o no” se ha saldado favorablemente en ciudades como New York y la Habana, es decir, su vaso obviamente es arte, reclama dicho estatus que le permite tener ese precio y ese foro de exhibición, no obstante, su base respecto a “arte realista”, a saber, que buscar pensamientos filosóficos de la realidad, es reducir el pensamiento filosófico a un sinónimo visual, un vaso medio lleno, así, presentado en su base, reclama todo el peso de la frase sobre el optimismo o la falta de él, esto quiere decir que no hay pensamiento filosófico detrás de la obra, y si lo hay no es uno desarrollado por el autor, la pieza no es un pensamiento filosófico sino un sinónimo visual que recarga todas sus posibilidades de ser percibida de modo reflexivo en una frase que Prieto no se invento, el vaso en si mismo no provoca una reflexión simbólica dado que la metáfora y el pensamiento simbólico que conduce al arte es inexistente y en este caso, la única obra posible estaría en el momento de la concepción de la obra que no es mejor que cualquier refrán citado por cualquier persona.

Y si la obra genera polémica, esta no es suficiente para justificarla como obra de arte, dado que el discurso de Prieto no va sobre la polémica de si es arte o no, si así lo fuera el vaso sería un éxito como pieza sin duda, pero, en cambió, va sobre una supuesta reflexión sobre el optimismo.

En segundo lugar ¿Cómo para el arte conceptual la disputa de si “esto es arte o no” podría perjudicar a los jóvenes? ¿No es precisamente ese el reto del arte conceptual? Tomar lo mínimo y utilizar la estructuración de conceptos para tejer obras de arte complejas en su pensamiento filosófico. Convengamos que el uso de la tradición oral puede ser útil, pero de aceptar la obra de Prieto, podemos meter una aguja en un pajar, textualmente, y decir ¡He aquí mi reflexión filosófica sobre la probabilidad! Un mitómano con un lobo ¡He aquí mi reflexión filosófica sobre la confianza! Una carrera entre un comentarista de noticias y un lisiado ¡He aquí mi reflexión filosófica sobre la pretensión! Hablamos de plagio de ideas, no de carencia de concepto, de hecho, el concepto funciona pero no la pieza de Prieto. La misma es un chiste, o bien la debacle intelectual del mismo autor (Que si tiene buenas obras esta no es una de ellas)

Y todavía más, ya exasperado por el cuestionamiento el cubano señala:

Está más en la onda del pensamiento alemán, aburrido. Y luego pesa esa tradición de entender el arte asociado al pedestal, al mármol... ¿Estoy haciendo un chiste por poner algo encima de una mesa? Para mí, un chiste es que mates la realidad dentro de un cristal o encerrado en un mármol. Eso sí que son obras de feria...

Y sí, tal vez las obras encerradas en un mármol o dentro de un cristal matan la realidad, pero aceptar esto también implicaría que el arte está fuera de la realidad, el arte con mármol y pedestal y todo, está dentro de la realidad pero, en efecto, no es la realidad, sino que estructura las coordenadas de la realidad a través del lenguaje metafórico. Prieto no hace un chiste, sino que exhibe una ligereza de pensamiento que nos obliga a cuestionar las posibilidades del autor de desarrollar pensamiento artístico, es decir es necesario cuestionar si Wilfredo Prieto es un artísta o  si solo evoca tradiciones filosóficas y artística para respaldar sus ocurrencias no artísticas.

Tristemente para Prieto, lo único que llega a ser asombroso, no podría ser de otra forma, es el precio, y es eso lo único que vuelve a la pieza polémica, la propuesta es aburrida, la ejecución es banal y la reflexión filosófica inexistente, he ahí el fallo de Prieto, no que sea arte o no, sino que de serlo, es arte fallido y como mercancía viene a ejemplificar que, como diría Robert Hughes.

No hace crítica social sobre el sistema capitalista, no señala el problema, es parte del problema.


Francisco Soriano Fernández.

Puebla. Marzo 2015.